Selah

Selah. Párate y escucha.
Se lo digo a mis escritoras cuando se olvidan de su autoridad interior y entonces lo recuerdo yo.
Nosotras sabemos. Sabemos. No hace falta que nos lo diga nadie.
Selah para no desconectar de nuestro instinto, de esa sabiduría que pasa antes por el cuerpo que por la mente.
Selah para llevar a cabo nuestro cometido, que es la justicia poética. Imaginación literaria para cambiar el mundo y para sanar.
Sanar para que se terminen con nosotras los legados de amnesia instintiva y nuestras hijas reales o simbólicas puedan heredar lo salvaje despierto.
En mi meditación diaria suelo escribir. Pero hay días en los que solo cierro los ojos y me deslizo por mi respiración. Entonces es cuando siento ese selah. Párate y escucha.
Ya lo tenemos todo para ser. Ningún cuerpo es insuficiente.
Selah y una mañana más, crear de la nada algo.
La imaginación al poder.

Escribir y sanar

Sano porque escribo y escribo porque sano.
Mi nuevo proyecto de escritura, al que dejo ser y convertirse en lo que necesite, me está enseñando que una no sana solo en el presente. También sanamos hacia atrás, por todas esas que fuimos y por otras que no pudieron. Y por supuesto, hacia delante, con vistas al futuro, para dejar este legado que son nuestras historias, nuestras vidas que no se quedaron sin contar.
Sanar es un círculo.
Escribir es soñar lo que nos sueña.
Escribir es hacer arte probándolo todo, atreviéndose a todo, logrando belleza y a veces fracasando, pero fracasando también hacia delante.
Escribir es mirar hacia arriba, como todo lo que tiene que ver con el amor.